Short Story: Cambiar Tocororo Por Cardinal
- Daniela Gamez
- 3 days ago
- 2 min read
Dicen que los animales son un producto de su ambiente y que a través de mucho tiempo, desarrollan características para mejorar sus chances de sobrevivir. Las aves, con sus plumas vibrantes y sus cantos distintos, se desarrollaron junto a nosotros y siguen con su tradición de despertarnos por la madrugada. Los cantos de los tocororos, el pájaro nacional de Cuba, se escuchaban en las montañas y en los campos. Cada animal tiene su propia canción y cuando conocíamos los nombres y las melodías de cada rana, jutia, y cucaracha voladora, nos tocó cambiar tocororo por cardinal.
En un ambiente nuevo, empezamos aprendiendo los nombres uno por uno de los pájaros alrededor. El primero se llamaba cardinal y el segundo KFC, aunque ese pájaro suena más como aceite salpicando. El cardinal se encontraba por todos lados. Su disfraz rojo en la luz del día nos hipnotizaba. “¡Mira, un cardinal!” gritábamos y el cardinal nos saludaba con su canto como si fuera un vecino y seguía con su camino. Las canciones de Cuba se quedaron en nuestra manera de ser mientras escuchábamos melodías distintas alrededor de nosotros y buscábamos palabras nuevas para expresarnos. Pero las palabras se quedaban imperfectas y nuestras melodías salían un poco torpe. Sin embargo, hasta los pájaros tienen que calentar sus voces y pulmones para poder dar sus conciertos diariamente, sea imperfecto o perfecto.
Gracias a los que no paran de cantar desde la madrugada hasta la noche, hasta cuando no hay nadie en el público para escuchar sus versos del alma.
Exchanging Tocororo for a Cardinal
They say that animals are a product of their environment and that through a lot of time, they developed characteristics to better their chances of survival. The birds, with their vibrant feathers and distinct songs, developed alongside us and continue their tradition of waking us up before sunrise. The songs of the tocororos, the national bird of Cuba, is heard in the mountains and in the countryside. Each animal has their own song and when we memorized the names of melodies of each frog, hutia, and flying cockroach, we had to trade in tocororos for cardinals.
In a new environment, we began to learn the names of the birds one by one. The first one was called cardinal and the second KFC, although that bird sounds more like sizzling oil. The cardinal would find us everywhere we went. His red suit in the light of day hypnotized us. “Look, a cardinal!” we’d yell and the cardinal would greet us with his song as if he was a neighbor and he’d continue on his journey. The songs of Cuba stayed in our way of being while we listened to distinct melodies around us and searched for new words to express ourselves. But the words stayed imperfect and our melodies came out a bit clumsily. However, even birds have to warm up their voices and lungs to be able to put on their daily concert, whether they are imperfect or perfect.
This painting is dedicated to those that don’t stop singing from sunrise until night, even when no one is in the audience to hear their verses from the soul.

Comments